Dos años

Hace 2 años que estuve de voluntario en Gambia y este año, tras intentarlo sin éxito el anterior, por fin he podido repetir.

Repetir en Gambia es algo singular, son 2 años pero vuelvo y es una sensación extraña, parece que solo ha pasado una semana, un mes, pero nunca dos años. La gente te recuerda (es increíble con la cantidad de voluntarios que pasan cada año) y a ti, se te refresca la memoria, recuerdas todo nítidamente, nombres de personas, lugares y te orientas tal como lo haces por tu propia ciudad.

Sin embargo, hay cosas que me gustaría que hubiesen cambiado durante este tiempo pero no es así. Hoy he pasado por delante del vertedero que sigue exactamente donde y como lo deje, junto al hospital, que a su vez tampoco ha cambiado y sigue cobrando indiscriminadamente sin importar tus recursos tan solo por entrar en él. Pero hay otras cosas que sí han cambiado en África y en Gambia. El domingo, tras mi llegada, fuimos a Paradise beach, un pequeño “hotelito” gambiano con restaurante junto a la playa, un lugar paradisíaco en el que disfrutar de atardeceres y charlas en buena compañia. A solo unos cientos de metros de donde nos encontramos se agolpan, apiladas en la arena, pequeñas barcas que faenan durante un día para volver al siguiente cargadas de pescado. Como siempre, durante un paseo, me acerqué a las mismas y me sorprendió ver, que tras las pequeñas barcas, se alzaba una extraña sombra que pertenecía a una gran nave con fachada de aluminio. Un lugareño nos contaba que empresas chinas han llegado a Africa creando puestos de trabajos precarios que a su vez destruyen las labores artesanales de producción existentes y además contaminan el lugar al verter los residuos generados de vuelta al mar. Esto provoca, a su vez, una disminución en las capturas de los pescadores, por lo que el gobierno ha terminado cerrando por seis meses la fábrica hasta ver si, efectivamente, es la misma la causa de todos estos desajustes.
Pero esta no es la única sospresa durante mi visita, por fortuna me he encontrado con otra clase de sombras, fue el sábado el mismo día de mi llegada, teníamos que pasar por el cole para dejar todo el material que ASEDA mandaba con nosotros desde canarias, mientras nos acercabamos, la gran ampliación nos recibía portentosa como el edificio mas alto en Lamin. Creo firmemente que si hay alguna manera de ayudar a que un país crezca y prospere es hacerlo desde sus cimientos y en este caso espero que esta ampliación contribuya al desarrollo de lo más valioso que puede tener una sociedad, los niños, y que en un futuro exista una conciencia crítica que les permita decidir (si el resto del mundo les dejamos) el rumbo hacía el que dirigirse.
Hace 2 años de mi anterior visita y tras la misma, en diciembre, se sentó la semilla de este movimiento con el cambio de gobierno, por lo que espero que, con tiempo y paciencia, logremos todo lo que este pequeño gran país se merece.

Abaraka

Néstor Ojeda

 

 

4 Comments

  1. Que maravilloso ver te disfrutando mientras ayuda sobrino
    Ojala todos fuésemos solo la mitad de humano que tu…eres maravilloso… el mundo seria. mucho mejor.
    me siento orgullosa de ti.
    Te quiero
    Tu tia Ana

  2. Yo no se que soy yo o tu mio sobrino segundo o tercero, pero de lo que si estoy seguro es que con gente como tú que no le cabe el corazón en el pecho, lo mejor del ser humano esta por llegar

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