No lo podemos entender

Esta es ya la segunda – y esperemos que no última – vez que escribo en este blog. Si tuviera que quedarme con algo en concreto de mi vuelta a Lamin, serían los primeros días… ya que entonces, una vez más, esa gente me volvió a sorprender.

Todavía no me había bajado del avión y sentía algo extraño, como si en parte vuelves a casa, salvo que llegas a un sitio a miles de kilómetros de tu país, muy diferente y en el que solo has estado una vez un año atrás. Tras recoger la maleta, reencuentro con Ebra, Omar y Bakary, los gambianos que colaboran con nosotros en el proyecto, que se alegran tanto o más que tú de volver a verte. No sabía que lo mejor estaba aún por venir… Al llegar a la casa de voluntarios, rápidamente uno de los chavales me reconoce… en ese momento se genera una reacción en cadena, donde empiezan a llamarse unos a otros: Angel is back! Angel is back! y van viniendo todos felices a saludarme (cuando yo apenas era capaz de recordar tres o cuatro nombres). En ese momento supe que, ya solo por la emoción vivida durante esos minutos, había valido la pena volver.

La siguiente sorpresa fue el primer lunes del colegio. Pensaba: los niños que me han dado la bienvenida en la casa eran más o menos mayores, así que no es tan raro que me recuerden. Pero las dos niñas que había apadrinado el año anterior, Isa y Fatou, son demasiado pequeñas, imposible que se acuerden de mí… de nuevo me volví a equivocar, ya que nada más verme vinieron flechadas y prácticamente no se separaron de mí durante el resto de la quincena.

¿Y qué decir del resto de los días? Conversaciones con los más mayores sobre su futuro y sus sueños, muy buenos momentos en nuestro tiempo libre con los otros voluntarios, el día a día en el cole… pero sobre todo, las continuas muestras de agradecimiento y cariño: que todos los días te saluden por la calle y te pregunten qué tal te va, que el dia antes de irte, venga un padre de un niño a darte las gracias por lo que has hecho, que en general, te hagan sentir muy en paz, casi como si fueras uno de ellos, lo que hace la despedida aún más difícil y desde ese mismo momento, antes de volver a la burbuja a la que llamamos primer mundo, empieces a pensar en volver una tercera vez.

Tantos ejemplos de cariño, de agradecimiento sincero, a pesar de dedicarles unas pocas horas al año repartidas a lo largo de 15 días, de que con nuestra ayuda tampoco les cambiemos la vida de manera significativa a corto plazo, hacen que contínuamente te plantees el por qué. Después de toda la estancia, no supe encontrar una respuesta… sencillamente es algo que no podemos entender. Asignatura pendiente para la próxima vez en Lamin 🙂

Ángel

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