Los niños de Lamin

Lo que más te sorprende al llegar a Lamin, no es el olor a árbol húmedo de mango, ni las largas calles de tierra que se cruzan unas con otras dando la sensación de estar siempre en el mismo sitio. Tampoco es el calor sofocante, ni el ajetreo de la calle principal del pueblo. Lo que más me sorprendió al llegar a Lamin fueron los niños. Nos estaban esperando unos 50, quizás mas, todos de pie en el patio de la casa de voluntarios donde nos alojaríamos las próximas semanas. Brincaban, te miraban, los mas tímidos te sonreían desde lejos, y los menos te daban la mano, un abrazo, una caricia y te preguntaban tu nombre. Habíamos llegado a Lamin en una furgoneta con 19 cajas cargadas con material escolar y sanitario, y los niños, sin mediar palabra, sin pedir nada a cambio, sin que nos diera tiempo si quiera de darnos cuenta, habían descargado toda la furgoneta y como hormiguitas habían metido todas las cajas en la casa. No abrieron ni una sola caja, no pidieron ni un solo objeto de ninguna de ellas, solo querían ayudarnos y jugar, querían conocernos, saludarnos y darnos la bienvenida. Nosotros, con una mezcla de alegría y sorpresa, intentábamos llegar a corresponderles, pero es imposible devolver esa sonrisa.

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Son las 9 menos cuarto de la mañana, y como siempre Rafa, un niño que vive muy cerca de nuestra casa de unos 2 o 3 años de edad y de cuerpo respingón, espera impaciente que pasemos por su “condominio” para unirse a nosotros. Me da la mano, sonríe, y sin esbozar una sola palabra (Rafa no es de muchas palabras) nos acompaña día a día al cole. Si le vuelves a mirar, vuelve a sonreír, está feliz de acompañarte, y consigue transmitirte esa alegría y hacerte sentir acompañado. Camino al colegio cada mañana te das cuenta de que los niños de Lamin nacen y crecen en la calle: hay muchos, muchísimos, algunos estarán trabajando, otros jugando, y los más afortunados estarán preparándose para ir al cole. Si saben tu nombre, lo gritaran, sino, en pocos días se buscaran la manera de averiguarlo, y como siempre, con el único objetivo de que les devuelvas unan sonrisa cuando lo griten. Ya en las aproximaciones del cole, el numero de niños aumentará al mismo ritmo que tu nerviosismo por entrar en ese patio: correrán felices hacia ti, te abrazarán si no te conocen te exploraran de manera cariñosa, y si te conocen simplemente te llevaran de la mano durante los últimos metros para atravesar contigo la puerta de entrada al cole.

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Rafa

Un gesto que será muy difícil que olvide fue el que tuvo Manyara, una niña de unos 5 años de edad con un peinado coqueto de trenzas y unos brazos flaquitos repletos de pulseras. Manyara es una niña de mucho genio de la cual me costó ganarme su amistad, pero que al final acabó invitándome a su casa para conocer a su familia, donde pude comprobar como ella, sus 10 hermanos, su madre natural, su madre adoptiva y un nuevo hermano que venía en camino, vivían en una casa muy modesta de apenas dos espacios. Corrían las 11:30 y durante el recreo del cole, los voluntarios nos vamos a tomar un refrigerio a la tienda de “califa” para combatir el sofocante calor gambiano. En esta ocasión me acompañaba Manyara, y al llegar a la tienda decidí comprar dos refrescos raramente fríos, uno para ella y otro para mi, sin percatarme que justo al llegar a la tienda se nos habían unido unos 5 o 6 niños más. Abrí las dos botellas, y al darle el suyo a Manyara, lo primero que hizo sin dudarlo fue ir niño por niño compartiendo su refresco, hasta que finalmente le quedo a ella una pequeña parte que se bebió. Ver a una niña tan pequeña, que tiene tan poco, y que seguramente se podía contar con los dedos de una mano las veces que había tenido un refresco en sus manos, compartir con todos esos niños el que le había comprado para ella, va a ser algo difícil de olvidar y es un ejemplo de la manera de entender la vida en Lamin.

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Manyara (a la izquierda)

Los niños de la bienvenida, Rafa, Manyara, son sólo un ejemplo de todos lo momentos vividos con esos niños de Lamin con los que he tenido la suerte de cruzarme en mi vida, y que a pesar de vivir en unas condiciones que distan mucho de lo que conocemos en nuestro mundo, siempre tienen una sonrisa, una caricia o un gesto que regalarte.

Ángel (Muhammed)

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