Mi pedacito de Gambia

En mis últimos días en Lamin me preguntaba cómo podría describir mi experiencia en Gambia para explicar todo lo vivido, finalmente llegué a la conclusión de que es imposible describir fielmente todo lo que sentimos en nuestros días en Lamin (y digo sentimos porque sin duda sé que sin el grupo de voluntarios con los que por suerte me tocó coincidir no hubiera sido lo mismo). La verdad es que me resulta bastante difícil escribir estas palabras porque son muchas las emociones, sensaciones nuevas y experiencias que me gustaría transmitir.

En mi estancia en Lamin lo único por lo que me “preocupaba” era por la actividad que quería preparar para la clase del día siguiente en el cole con los mas peques, clase que compartí con mi buena amiga Carlota durante las dos semanas que estuvimos allí. Por este motivo, a la vuelta, y a modo de conclusión, cada vez que un familiar o amigo me pregunta sobre mi experiencia le digo que “fui muy feliz esas dos semanas, no tenía conciencia de la hora ni en el día en que vivía”, creo que es un buen resumen de lo que sentí.

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Si tuviera que describir brevemente los días en Lamin podría decirse que se seguía la siguiente rutina: despertarse temprano con buena música (agradecimientos a Nico, aprecio enormemente la lista de Spotify que previamente preparaste), desayunar y prepararse para salir de “casa” hasta el cole, llegar a nuestro destino y empezar a bailar/cantar con los niños (no se me ocurre mejor plan). He de decir que nunca tuve mejor acompañamiento al salir o volver de ningún sitio puesto que todas las mañanas un grupo de niños nos esperaban fuera de casa para darnos los buenos días y ofrecernos su mano durante los 10 minutos que duraba el camino hasta el cole. Ahora que ya llevo unos días fuera de Lamin, es una de las sensaciones que más echo de menos “esas pequeñas manitas y grandes sonrisas que no te dejaban caminar solo”.

La experiencia de compartir las mañanas con los niños en el cole es sin duda lo mejor de todo lo vivido, siempre una sonrisa, un gesto de cariño o, aunque no te entendieras, una mirada que simplemente significaba que querían estar a tu lado.

A medio día y, después de reponer fuerzas, teníamos la energía suficiente como para querer salir a la calle, pasar tiempo por el pueblo y, en definitiva, conocer un poco más ese continente que tenemos al lado y del que muy poco sabemos, África.

Una de las cosas que más me llamaba la atención y me costaba entender al principio de toda esta aventura era cómo podían vivir en condiciones que para nosotros pueden resultar de la Edad Media, sin las comodidades a las que hoy en día estamos acostumbrados. Me he dado cuenta de que en realidad somos nosotros los que nos hemos quedado en esa época pasada porque hemos perdido valores, respeto y empatía, simplemente un saludo por la calle con un desconocido es algo que me mostró que somos nosotros los que carecemos de muchas cosas. Sé que puede resultar típico pero ha sido un golpe de realidad en toda la cara.

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Para concluir, me quedo con la sensación de que en esta aventura me llevo más de lo que buenamente he podido dar, por eso solo puedo decir que ha sido una de las mejores experiencias de mi vida y espero poder volver para devolver todo lo que “me he llevado” de la tierra de las sonrisas, Gambia.

Yaiza Martín

5 Comments

  1. Que lindo todo ese resumen que trasladas a este blog.. Al igual que cuando lei a mi hija Carlota, .me emociono de pensar en uds. alli.. en pmena faena. Grandes sois y lo habeis demostrado. Dejando las comodidades del hogar y los dias libres para regalarles sonrisas a esa gente tan linda. Ojala sea una realidad esa ilusion por volver el proximo verano. Un besote Yay.

  2. Muchas gracias Yaiza por esa preocupación porque las actividades salieran lo mejor posible, los niños disfrutaron mucho tanto contigo como con Carlota.

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