Poco a poco un poquito se convierte en mucho…

Voy a intentar explicar  todo lo que esta experiencia me ha enseñado en unos poco párrafos y,  os aseguro, es una tarea más complicada de lo que parece.

A principios de año decidí que quería hacer un viaje diferente  a todo lo que había probado antes, quise hacer un voluntariado. Fue entonces cuando, por unas razones u otras, apareció ASEDA Gambia en mi buscador de internet. Aquí comenzó toda esta aventura.

Por aquel entonces no podía imaginar  que este viaje iba a ser una de las mejores experiencias de mi vida, tanto a nivel personal, por todo lo que la gente me ha enseñado,  como formativo, pues tuve la oportunidad de estar ayudando en el dispensario (ya que soy estudiante de Medicina aquí en España).

La inmersión cultural es brutal y, aunque suene tópico, aprendes más de ellos que ellos de ti. La felicidad que allí se respira es contagiosa. La gente te saluda por la calle, ya sean los adultos preguntándote qué tal como los niños gritando con su voz de pito “toubab-toubab”.

Pasear por las calles de Gambia es una experiencia única y muy diferente a lo que acostumbramos en España, no solamente por “el ritmo de relax gambiano” o por las cabras y demás animales, sino por la increíble hospitalidad de la gente y, sobre todo, por sus sonrisas. Porque aunque sabes de sobra que las cosas no pueden ir siempre bien, nunca te van a mostrar lo contrario, porque “if you are happy, we are happy”.  Allí se simplifican las cosas y se ven con más claridad, haciendo que te preocupes por lo que de verdad importa.

He tenido la oportunidad de pasar allí un mes y, aunque os parezca mucho tiempo, me ha sabido a poco.

Quién me iba a decir que la viva imagen de la felicidad la encontraría en la cara de los niños al cantar canciones por las mañanas o en darles un puñado de colores para pintar en vez de dárselos uno a uno. Ver como disfrutaban los niños cuando les decías que era día de duchas y ellos se peleaban por meterse debajo del agua corriente, una actividad que, aunque cotidiana para la mayoría de nosotros, para ellos era toda una novedad.

Comprobar como los niños con heridas y enfermos acuden a verte al consultorio en busca de ayuda, tímidos y casi sin levantar la vista del suelo, extrañándose de que algo tan importante como la atención sanitaria no les vaya a costar ni un mero Dalasi.  Definitivamente “el dispensario” es una de las iniciativas que más admiro de esta organización.

No puedo expresar la impotencia que sientes cuando vas a conocer las casas de los niños y ves las condiciones en las que viven muchos de ellos, ni la inmensa felicidad que te inunda cuando le dices a una familia que vas a apadrinar a su hijo y ves como  los padres te miran agradecidos por esa pequeña gran ayuda.

Definitivamente ha sido uno de los meses más intensos de mi vida.

El cariño  que sientes hacia  esas personas es increíble. Poco a poco se forja una relación especial con aquellos pequeños gambianos, aunque no solo con ellos, sino también con los profesores y muchas otras personas de la organización de ASEDA que hacen posible esta experiencia. Además de todos los voluntarios que deciden dedicar ese ratito del año a los demás.

Nunca había estado en un sitio tan diferente de mi ciudad y me había sentido tan acogida.

Estés el tiempo que estés te va a saber a poco, así que disfruta de cada día que pases en Lamin porque te acompañará siempre. Por todos y cada uno de estos pequeños momentos que hacen de este viaje una experiencia inolvidable: ABARAKA.

Claudia

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